Los familiares de personas desaparecidas en Jalisco enfrentan desde hace meses la tarea de buscar uno a uno las partes que componían el cuerpo de sus seres queridos

 

Guadalupe Ayala ha recuperado por partes el cuerpo de su hijo en 2019, quien fue mutilado y enterrado en una fosa por el crimen organizado en Jalisco, región que ocupa el primer lugar de cuerpos exhumados de fosas clandestinas en México.

Este miércoles, la mujer contó que el antebrazo del joven de 23 años estaba junto a los restos de 104 personas cuyos cuerpos fueron lanzados a un pozo en el municipio de Tlajomulco que la Fiscalía estatal descubrió en enero de este año, y en la que estuvieron trabajando por varios meses.

En febrero, los peritos del Servicio Médico Forense (Semefo) le confirmaron que ese primer indicio tenía un 99.9 por ciento de compatibilidad con su ADN.

De esta manera, Guadalupe ha ido encontrando a Alfredo pieza por pieza.

A veces se topa con la necedad de los peritos que quieren entregarle un segmento de otro cuerpo, pero ella no se conforma, presiona y busca en los miles de archivos e imágenes del Semefo.

Los familiares de personas desaparecidas en el estado enfrentan desde hace meses la tarea de buscar uno a uno las partes que componían el cuerpo de sus seres queridos. Algunos colectivos se han unido para presionar al Servicio Médico Forense y que los resultados de las pruebas de confronta genética no tarden los tres meses habituales.

Con información de EFE

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