Una de las peores emergencias provocadas por inundaciones y aluviones en la región del Himalaya mantiene en alerta a Nepal y al Tíbet chino, donde los equipos de rescate continúan trabajando entre enormes cantidades de lodo y escombros para localizar a cientos de personas que permanecen desaparecidas.
Las inundaciones registradas esta semana golpearon con especial fuerza zonas del norte de Nepal y áreas fronterizas con China. La fuerza del agua destruyó puentes, carreteras, viviendas y otras estructuras, además de dejar comunidades completamente incomunicadas.
Las autoridades mantienen las labores de búsqueda y rescate mientras aumenta la preocupación por nuevos desbordamientos. Nepal y China advirtieron que varios lagos formados como consecuencia de las inundaciones podrían romper sus barreras naturales y generar nuevas corrientes peligrosas en una región que todavía intenta recuperarse del desastre.
Uno de los principales desafíos para los equipos de emergencia es conocer el número definitivo de víctimas y personas desaparecidas.
De acuerdo con las últimas actualizaciones citadas por Milenio, cientos de personas continúan sin ser localizadas en Nepal, mientras que también existen desaparecidos en la vertiente tibetana.
La Autoridad Nacional de Desastres y Reducción del Riesgo de Nepal reportó que 910 personas se encontraban sin contacto o desaparecidas, entre ellas ciudadanos extranjeros, nepalíes residentes en el exterior que se encontraban de visita y miembros de cuerpos de seguridad y aduanas.
El número de víctimas también ha cambiado conforme los equipos avanzan en las zonas afectadas. En Nepal se habían recuperado cientos de cuerpos, mientras que en el Tíbet se habían confirmado víctimas adicionales.
Las autoridades advierten que el balance podría continuar aumentando debido a que todavía existen zonas de difícil acceso y comunidades que permanecen incomunicadas.
Las imágenes captadas durante el desastre muestran la magnitud de la emergencia. En algunas localidades, la crecida repentina de los ríos arrastró vehículos, estructuras, puentes y grandes cantidades de rocas y lodo.
Entre las zonas más afectadas se encuentran el distrito nepalí de Rasuwa, en la provincia de Bagmati, así como los valles de los ríos Trishuli y Bhote Koshi.
El fenómeno también alcanzó áreas utilizadas habitualmente por turistas y peregrinos, entre ellas Syabrubesi, uno de los puntos de acceso a la popular ruta de senderismo de Langtang.
La destrucción de caminos y puentes ha complicado todavía más la llegada de ayuda. Naciones Unidas informó que al menos un municipio quedó completamente incomunicado por carretera, por lo que los suministros y las operaciones de rescate han tenido que apoyarse en helicópteros.
El Gobierno de Nepal movilizó a 13 mil 295 elementos de seguridad para participar en las labores de emergencia en tres distritos.
Investigaciones preliminares apuntan a que el desastre estuvo relacionado con el colapso de una enorme masa de hielo de un glaciar nepalí, localizado a una altitud de entre 5 mil 200 y 5 mil 500 metros.
De acuerdo con información citada por Milenio, el desprendimiento provocó una fuerte señal sísmica y desencadenó una avalancha que arrastró hielo, rocas y grandes cantidades de material por las laderas.
La masa de hielo cayó más de mil metros hacia la cuenca del Lhende Khola, un afluente del río Bhote Koshi. Posteriormente, la mezcla de agua, rocas y sedimentos se convirtió en una enorme corriente de lodo que avanzó rápidamente hacia la frontera con China y posteriormente hacia Nepal.
La velocidad del fenómeno fue extraordinaria. Según científicos del Centro Internacional para el Desarrollo Integrado de las Montañas, el nivel del agua en algunas estaciones del río Trishuli llegó a aumentar hasta nueve metros en apenas 30 minutos.
La emergencia no terminó con la primera crecida. En el Tíbet, las autoridades chinas comenzaron a evacuar a habitantes de algunas comunidades ante el riesgo de que un lago formado después de la riada pudiera desbordarse.
El cuerpo de agua se formó cerca de la confluencia de un río procedente de Nepal con otro curso fluvial en territorio tibetano.
Según datos del Ministerio chino de Recursos Hídricos difundidos por medios estatales, el lago contenía alrededor de dos millones de metros cúbicos de agua, por lo que las autoridades mantienen vigilancia ante la posibilidad de una ruptura.
Además, se han identificado otros cuerpos de agua en la zona fronteriza que podrían representar riesgos adicionales para las poblaciones situadas río abajo.
La emergencia también ha generado preocupación por el impacto entre población infantil y visitantes extranjeros.
Unicef informó que aproximadamente 17 mil niños y niñas resultaron afectados por la gran riada registrada entre Nepal y la región autónoma del Tíbet.
La organización estimó además que al menos 14 menores habían fallecido, aunque advirtió que la cifra podría aumentar conforme continúen las labores de búsqueda.
Por otra parte, varios ciudadanos extranjeros permanecen desaparecidos. Estados Unidos informó que decenas de sus ciudadanos podrían encontrarse entre las personas afectadas y confirmó la muerte de algunos de ellos.
La presencia de turistas y peregrinos en la región ha complicado la identificación de algunas víctimas, especialmente porque varias de las zonas afectadas son utilizadas como rutas de acceso hacia destinos turísticos y religiosos.
Las labores de rescate se desarrollan bajo condiciones complicadas. Las grandes cantidades de lodo que quedaron depositadas en valles y comunidades dificultan la búsqueda de personas y cuerpos.
Especialistas han advertido que, una vez que estas masas de sedimentos se consolidan, resulta mucho más difícil removerlas.
Por ello, los equipos de emergencia enfrentan una carrera contra el tiempo para localizar a sobrevivientes y recuperar a las víctimas, mientras las autoridades permanecen atentas ante nuevos deslizamientos y posibles desbordamientos.
La destrucción de carreteras y puentes también limita el acceso terrestre, obligando a utilizar helicópteros para trasladar heridos, entregar ayuda y evacuar a personas atrapadas.
La tragedia en Nepal y el Tíbet deja así una región devastada y bajo vigilancia permanente. Mientras continúan los esfuerzos para determinar el número definitivo de víctimas, las autoridades de ambos países mantienen la alerta ante la posibilidad de que nuevos desbordamientos provoquen otra emergencia en las comunidades ubicadas cerca de los ríos.
Fuente: Milenio
