Las ballenas se enfrentan a amenazas múltiples y crecientes en sus hábitats oceánicos críticos, donde se alimentan, se aparean, dan a luz y amamantan a sus crías.

Por primera vez, WWF y sus socios investigadores plasmaron en un mapa los peligros de las rutas de 845 ballenas migratorias en todo el mundo; mediante datos satelitales revelan cómo la acumulación de redes y artefactos de la pesca industrial, las colisiones con barcos, la contaminación química, plástica y acústica, así como la pérdida de hábitat y el cambio climático, “están creando un viaje peligroso y a veces fatal”, dijo Chris Johnson, líder mundial para la conservación de ballenas y delfines en WWF.

El informe de WWF Protegiendo los corredores azules, señala que las ballenas se enfrentan a amenazas múltiples y crecientes en sus hábitats oceánicos críticos, donde se alimentan, se aparean, dan a luz y amamantan a sus crías a lo largo de sus supercarreteras migratorias o «corredores azules». “La amenaza más mortal es cuando se enredan en artes de pesca abandonadas, conocidas también como redes fantasmas, las cuales matan a unas 300 mil ballenas, delfines y marsopas cada año.

Aún peor, esto sucede desde el Ártico hasta la Antártida”, indica el informe, resultado de un análisis colaborativo de 30 años de datos científicos aportados por más de 50 grupos de investigación, con científicos marinos de la Universidad Estatal de Oregón, la Universidad de California en Santa Cruz, y la Universidad de Southampton, entre otros.

Los estudios de casos destacan los puntos críticos y los riesgos que enfrentan las ballenas en sus migraciones, algunas de las cuales pueden ser de miles de kilómetros cada año. Como resultado de estos peligros, seis de las 13 grandes especies de ballenas están clasificadas como vulnerables o en peligro por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), incluso después de décadas de protección de la caza comercial.

Entre las poblaciones de mayor riesgo se encuentra la ballena franca del Atlántico norte, una especie que migra entre Canadá y Estados Unidos y está en peligro crítico de extinción al ubicarse en su punto más bajo en 20 años, con solo 336 individuos. Se estima que 86 por ciento de las ballenas francas identificadas se han enredado en artes de pesca al menos una vez en su vida.

Entre 2017 y 2021, 34 ballenas francas del Atlántico norte murieron frente a las costas de Canadá y Estados Unidos por colisiones con barcos y al enredarse en artes de pesca. De esa forma, la campaña Protegiendo los Corredores Azules exige un nuevo enfoque de conservación para hacer frente a estas amenazas y proteger a las ballenas, a través de una mayor cooperación a nivel local, regional e internacional.

“Desde WWF México se contribuye a través del apoyo a científicos y organizaciones para entender mejor la magnitud del daño que ocasionan las artes de pesca en las ballenas y el riesgo de colisiones con barcos en el Pacífico Mexicano, así como para incrementar las capacidades locales e implementar las mejores prácticas de avistamiento turístico y rescate de ballenas enmalladas”, dijo Eduardo Nájera, Coordinador de Paisajes Marinos de WWF México. Se requiere de manera urgente un compromiso de las Naciones Unidas para finalizar las negociaciones sobre un nuevo tratado para alta mar –las áreas más allá de la jurisdicción nacional– en marzo de 2022.

Cada vez hay más pruebas que muestran el papel fundamental que desempeñan las ballenas en el mantenimiento de la salud de los océanos y el clima global: una ballena captura la misma cantidad de carbono que miles de árboles. El Fondo Monetario Internacional estima el valor de una sola gran ballena en más de 2 millones de dólares estadunidenses, lo que suma más de un billón de dólares estadunidenses para la población mundial actual de grandes ballenas.

Fuente: Milenio.

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